A la hora de hacer el balance sobre el año agropecuario 2008, todos coincidirán en que será recordado por permanentes e innecesarios conflictos. El contexto internacional a principios del año que pasó marcaba una tendencia que hacía prever grandes ganancias económicas en todos los sectores de la economía agropecuaria. Entonces los ánimos eran los mejores entre los hombres de campo y las empresas de servicios vislumbraban importantes ganancias.Pero esto no ocurrió. La situación se dio vuelta. Lo esperado quedó en ilusión. Lo que podría haber sido uno de los mejores ciclos de la historia para la economía agropecuaria nacional, gracias a la elevada demanda internacional y a los altos precios de todos los alimentos en general, no se pudo aprovechar.
La ecuación económica no pudo cerrarse en varios frentes. Había cosechas importantes (granos, carnes, azúcar, frutas), pero los conflictos internos, por un lado, y la debacle en la economía mundial, por el otro, le pusieron un límite a la bonanza que se vislumbraba.
Rentabilidad
El Gobierno argentino con sus medidas -después se comprobó que no habían sido eficaces- generó un descontento generalizado en los sectores agropecuarios y tensó la relación campo-Gobierno-sociedad.
Es que las decisiones oficiales llevaron a que la rentabilidad se desdibujara y a que las ganancias se acotaran -en otra prácticamente las hizo desaparecer- en vastos sectores de la economía agropecuaria (carne, leche, trigo, azúcar).
La intervención estatal con el cierre de las exportaciones de varios productos significó el certificado de defunción para muchos productores del interior del país y la generación de más desocupación.
Con el 2008 ya finalizado, se puede decir que el conflicto con el agro sigue latente y que las soluciones todavía no llegan. Esta cruel realidad preocupa a gran parte del empresariado del campo, que estiman que 2009 será un año en el que la incertidumbre en los negocios será cada vez mayor. Y hasta opinan que, en el mejor de los casos, el objetivo que perseguirán las firmas productoras de commodities y de alimentos será buscar el recupero de la inversión, y tratarán de no generar quebrantos.
El fantasma de la desocupación vuela nuevamente en varios sectores de la economía agropecuaria. Las recientes medidas anunciadas por el Gobierno nacional con la reducción de las retenciones en algunos rubros como maíz, trigo y frutas no serán suficientes para revertir la tendencia negativa en la rentabilidad actual. Y se espera, al menos entre los damnificados, que la situación para estos productos cambie en un futuro cercano.
Los principales frutos del verano, como las uvas y las cerezas, viven la cruel realidad de la caída en los mercados.
Esta situación se sintetiza en la retracción de la demanda internacional en casi un 40%, la caída en los precios -respecto de la campaña pasada- en más de un 35%, el incremento de los costos en dólares (producción y logística) cercanos al 30% con respecto a la convertibilidad.
Verano caliente
Todo esto marca una realidad que la están pagando actualmente tanto los productores de Mendoza como los del Alto Valle del Río Negro y Neuquén, quienes difícilmente puedan revertirla en lo que resta del verano.
Esta misma realidad se vislumbra para otras economías regionales como la de los cítricos (NOA y NEA), lo que marcará sin duda un año muy difícil.
A toda esta situación se le deberá sumar la pérdida de competitividad de la fruticultura argentina frente a sus pares de Chile, Brasil y Sudáfrica, quienes sufrieron una devaluación de sus monedas en torno al 30% este último año, lo que los posiciona mejor frente a los exportadores argentinos. Esta situación de desequilibrio lleva a que los comercializadores del mundo se fijen más en los productos de otras latitudes. Las cartas están echadas. No obstante, con un panorama tan complejo como el que se vislumbra, los productores y exportadores, por un lado, y el Gobierno Nacional, por el otro, deberán pensar que algo tiene que cambiar para que las perspectivas del éxito vuelvan a instalarse en la escena nacional.
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